LA MAREA DE LAS 40 HORAS
Hay decisiones que no se toman en la oficina. Se toman en el calendario.
La reducción gradual de la jornada laboral a 40 horas semanales no es un decreto más; es un ajuste estructural que nos obliga a replantear la forma en que entendemos el trabajo, la productividad y la rentabilidad. No llega como tormenta, llega como marea. Año con año subirá un poco más hasta 2030, cuando la semana laboral quede oficialmente en 40 horas.
Y como todo empresario del Pacífico sabe, cuando la marea sube, no se discute con el mar. Se aprende a navegar.
La narrativa pública suele simplificarlo: trabajadores ganan tiempo; empresarios pierden margen. Pero la realidad es más compleja. Menos horas no significan necesariamente menos productividad. Tampoco significan automáticamente mejores resultados.
Significan una pregunta incómoda: ¿qué tan eficiente es realmente nuestro modelo operativo?
El mito de las horas largas
Durante décadas se construyó una cultura empresarial basada en el sacrificio horario. Abrir más temprano. Cerrar más tarde. Permanecer más tiempo. Estar siempre disponibles.
En hotelería, en restaurantes, en servicios turísticos, el reloj parecía sinónimo de compromiso.
Pero el mercado cambió. La competencia se profesionalizó. El cliente se volvió más exigente. La tecnología acortó procesos. Y, sin embargo, muchos negocios siguen operando bajo la lógica de que más horas significan más ingresos.
La reforma laboral desmonta ese mito.
Si antes necesitábamos 48 horas para producir cierto valor, ahora debemos generarlo en menos tiempo. No se trata de trabajar menos; se trata de trabajar mejor. Y eso exige orden.
Cuando la eficiencia sustituye al desgaste
Reducir la jornada manteniendo salario implica que el costo por hora efectiva aumenta. Si la productividad no crece, el margen se reduce.
Aquí es donde el empresario pequeño enfrenta su verdadero reto: no el político, sino el administrativo.
¿Cuántas horas pagamos que no generan valor? ¿Cuántos turnos están mal diseñados? ¿Cuánto tiempo se pierde en improvisación?
La reforma no castiga al empresario; lo obliga a profesionalizarse: Planeación de turnos con base en picos reales de demanda.
ü Polivalencia del personal.
ü Control estricto de horas extra.
ü Digitalización básica de asistencia.
ü Capacitación enfocada en eficiencia.
La diferencia entre sobrevivir y fortalecerse no está en el discurso, sino en la disciplina operativa.
Una experiencia en carne propia
Permítanme compartir algo personal.
En hotel que dirijo en la Zona Romántica de Puerto Vallarta (operación pequeña, ocho colaboradores, cuatro recepcionistas, servicio 24/7), decidimos anticiparnos a la reforma. Desde noviembre de 2025 implementamos la semana de 40 horas con dos días de descanso.
El análisis fue simple: 168 horas requiere una operación semanal continua. Cuatro recepcionistas trabajando 40 horas suman 160. Ocho horas quedan descubiertas. Esas ocho horas las cubro yo. No fue un sacrificio; fue una decisión estratégica. El resultado fue revelador:
ü La rotación desapareció prácticamente.
ü Las ausencias disminuyeron.
ü El ambiente laboral mejoró.
ü La estabilidad aumentó.
Cuando el colaborador percibe equilibrio, responde con compromiso.
Y cuando el empresario se involucra en la operación, descubre dónde realmente se pierde el tiempo.
La productividad no nació del cansancio. Nació de la organización.
El microempresario frente a la realidad
Entiendo al comerciante que siente que el sistema exige mucho y ofrece poco. Entiendo al restaurantero que paga impuestos, cuotas y servicios sin incentivos visibles. Entiendo al pequeño empresario que percibe que la formalidad pesa. Pero también hay una verdad que no podemos ignorar: la informalidad no construye empresas sostenibles.
La reforma laboral fortalece el terreno formal. Quien está dentro del marco legal tiene reglas claras para adaptarse. Quien opera fuera vive en incertidumbre permanente.
La formalidad abre puertas: acceso a financiamiento, protección jurídica, posibilidad de crecimiento estructurado, acceso a talento que busca seguridad social.
Sí, los incentivos para el microempresario son insuficientes. Pero la competitividad del futuro se construirá desde la formalidad, no desde la evasión.
Restaurantes y servicios turísticos: el ajuste fino
En restaurantes con jornadas de hasta 16 horas, el cambio no es ideológico; es operativo. Escalonar horarios según flujo real. Ajustar plantillas en función de ventas comprobables. Reducir tiempos muertos entre servicios.
En empresas turísticas, donde la estacionalidad domina, el análisis debe ser semanal y mensual. No se puede gestionar el 2030 con la mentalidad de 2015. El abuso de horas extra será el error más costoso. Financiera y legalmente.
La reforma no elimina utilidades. Elimina la comodidad administrativa.
La competitividad empieza en casa
Puerto Vallarta y Bahía de Banderas compiten con destinos nacionales e internacionales. No solo competimos en playas; competimos en calidad de servicio.
Y la calidad nace del talento. El talento permanece donde encuentra equilibrio.
Si la reforma logra que nuestros colaboradores tengan mayor estabilidad, también puede convertirse en ventaja competitiva para el destino.
Pero eso depende de nosotros.
¿Vamos a resistir el cambio o a liderarlo? ¿Vamos a reducir horas sin mejorar procesos? ¿O vamos a utilizar estos cinco años de transición para modernizar nuestras operaciones?
Una reflexión necesaria
El empresario mexicano ha demostrado resiliencia histórica. Hemos sobrevivido a crisis financieras, pandemias, inflaciones y temporadas bajas.
Pero resiliencia no significa inmovilidad. Significa adaptación.
La reducción de la jornada laboral es una oportunidad para revisar nuestra cultura empresarial. Para dejar atrás la improvisación. Para profesionalizar la gestión del tiempo. Para fortalecer la formalidad.
No se trata de trabajar menos por México. Se trata de producir más valor en cada hora invertida.
La marea ya está en movimiento. El reloj no es enemigo. Es brújula. La pregunta final es sencilla, pero determinante: ¿queremos que la reforma nos arrastre… o queremos aprender a navegarla?

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