Manual práctico para ayudar… y saber mandar a la chingada
Existe una virtud que socialmente celebramos mucho: ayudar . Desde pequeños escuchamos que debemos ser solidarios, apoyar a los demás, dar la mano cuando alguien lo necesita. Y eso es correcto. Las sociedades funcionamos mejor cuando existe la cooperación, la empatía y el sentido de comunidad. Sin embargo, pocas veces se habla de la otra cara de esa moneda: la necesidad de poner límites. Con el tiempo, muchas personas descubren algo incómodo pero real: no todas las solicitudes de ayuda nacen de una necesidad genuina. Algunas vienen de la costumbre de depender de otros. Otras de la comodidad de no asumir responsabilidades propias. Y algunas más, simples y llanamente, de la intención de aprovecharse de la buena voluntad ajena. En ese punto aparece una pregunta incómoda: ¿Ayudar siempre es lo correcto? La respuesta corta es no. Y la respuesta más completa es: depende de quién, cómo y para qué. Ayudar puede ser un acto noble cuando se impulsa a alguien a salir adelante. También puede ...