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DEUDA Y COMPETITIVIDAD

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EL PROBLEMA QUE NO ESTAMOS MIDIENDO Por muchos años hemos discutido sobre la competitividad de Puerto Vallarta y Bahía de Banderas en términos de ocupación hotelera, inversión, tipo de cambio o promoción turística. Pero existe un factor bastante silencioso que está impactando directamente la productividad de nuestras empresas y de eso poco hablamos en el sector empresarial: el nivel de endeudamiento de los mexicanos. Mira este dato, la deuda promedio cerró 2025 en $193,198.00 pesos, una cifra que no solo revela presión financiera en los hogares, sino también un fenómeno con implicaciones laborales profundas. Casi la mitad de la población adulta vive preocupada por sus deudas, y la mayoría de quienes deben dinero experimentan altos niveles de estrés y ansiedad. Mucho ojo! No estamos hablando únicamente de finanzas personales. Estamos hablando de desempeño laboral. El estrés financiero: la variable productiva Cuando un colaborador está sobreendeudado, no solo carga compromisos e...

LA MAREA DE LAS 40 HORAS

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Hay decisiones que no se toman en la oficina. Se toman en el calendario. La reducción gradual de la jornada laboral a 40 horas semanales no es un decreto más; es un ajuste estructural que nos obliga a replantear la forma en que entendemos el trabajo, la productividad y la rentabilidad. No llega como tormenta, llega como marea. Año con año subirá un poco más hasta 2030, cuando la semana laboral quede oficialmente en 40 horas. Y como todo empresario del Pacífico sabe, cuando la marea sube, no se discute con el mar. Se aprende a navegar. La narrativa pública suele simplificarlo: trabajadores ganan tiempo; empresarios pierden margen. Pero la realidad es más compleja. Menos horas no significan necesariamente menos productividad. Tampoco significan automáticamente mejores resultados. Significan una pregunta incómoda: ¿qué tan eficiente es realmente nuestro modelo operativo?  El mito de las horas largas  Durante décadas se construyó una cultura empresarial basada en el sacrifi...

Cuando las cortinas bajan y la ciudad calla.

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  Las rentas: la inflación artificial que vacía el corazón de Puerto Vallarta. Hay ciudades que hablan. Otras que susurran. Y algunas como mi adorado Puerto Vallarta comienzan a guardar silencio. Cuando caminamos por el centro histórico, la colonia Emiliano Zapata, y algunos centros comerciales de la avenida principal lo podemos notar: cortinas metálicas abajo, locales vacíos, letreros de “se renta” que cada vez se avejentan más por el sol y el salitre. Lugares que antes albergaban cafeterías familiares, pequeños restaurantes, galerías, tiendas de artesanos hoy permanecen cerrados, como si la ciudad contuviera la respiración. Y no es por falta de emprendedores y sus buenas ideas, ni ganas de trabajar. Está faltando algo más profundo: condiciones reales para permanecer. Ciertas zonas de Puerto Vallarta no se están transformando por modernidad; se estaba vaciando por una lógica económica que dejó de dialogar con la realidad local. La renta que sube… aunque nadie les rente....