LA MAREA DE LAS 40 HORAS
Hay decisiones que no se toman en la oficina. Se toman en el calendario. La reducción gradual de la jornada laboral a 40 horas semanales no es un decreto más; es un ajuste estructural que nos obliga a replantear la forma en que entendemos el trabajo, la productividad y la rentabilidad. No llega como tormenta, llega como marea. Año con año subirá un poco más hasta 2030, cuando la semana laboral quede oficialmente en 40 horas. Y como todo empresario del Pacífico sabe, cuando la marea sube, no se discute con el mar. Se aprende a navegar. La narrativa pública suele simplificarlo: trabajadores ganan tiempo; empresarios pierden margen. Pero la realidad es más compleja. Menos horas no significan necesariamente menos productividad. Tampoco significan automáticamente mejores resultados. Significan una pregunta incómoda: ¿qué tan eficiente es realmente nuestro modelo operativo? El mito de las horas largas Durante décadas se construyó una cultura empresarial basada en el sacrifi...