EL ECO DE UN PAÍS QUE NO QUIERE RENDIRSE
La noche del sábado del 1 de noviembre, caminando por el panteón de Compostela, Nayarit, en compañía de mis hijos y de mi hermana. Nos encontramos en un recorrido histórico, una experiencia que combinaba la curiosidad con el respeto. Entre las tumbas silenciosas, un guía nos estaba narrando la vida y muerte de personajes que habían marcado a la ciudad: general de la revolución, combatientes, cristeros y líderes agrarios. Cada historia cobraba vida con las voces y las escenificaciones. Cada tumba contaba una parte importante de México: las heridas, los sacrificios y los ideales. Escuchamos historias sobre fusilamientos injustificados y el guía no se exponía cómo es que la guerra Cristera había dolido más al pueblo que la misma Revolución. La historia se estaba haciendo presente como si las almas de aquellos personajes todavía reclamaran por justicia. En ese instante, tras varios minutos de pie y caminando, me reposé sobre una tumba y tomé mi celular para editar una fotografías y compa...